Martes, 17 Noviembre 2020 23:29

Justicia para guionistas

El 6 de noviembre de 2020, Infobae publica una nota donde transcribe parte del fallo del juez de instrucción Alberto Baños, en el que compara una novela con un guión.
 
“una novela, como narración que es, sólo resultará eficaz si logramos que el lector crea estar presenciando la ficción, y para ello no nos queda más opción que ir mostrándole los personajes, los escenarios y la acción con el nivel de detalle suficiente. En un guión, en cambio, al no ser una narración en sí misma, sino únicamente una guía para que luego un grupo de personas realice una película, no es necesario que se detalle la ficción. Será el equipo de realización de la película quien añada los detalles cuando, a partir de la información contenida en el guión, plasme la narración en imágenes y sonidos: se localizarán o construirán los escenarios, se iluminará cada escena de manera adecuada, los actores y actrices les pondrán cara, cuerpo y voz a los personajes, etc.”.

Sin intención de observar el aspecto jurídico, como  autores/as, como escritores/as audiovisuales, no podemos dejar pasar esto por alto,responde Argentinas y sus directivos distinguen el tela :
«Tiene tanto poder la información fidedigna como  la difusión del desconocimiento.

Por eso sentimos la obligación, una vez más, de describir nuestra disciplina artística, nuestra profesión, nuestro trabajo. Hacer docencia sobre lo que implica el hecho creativo de escribir un guión. Ya que desvalorizar suele ser una señal: se descarta lo que se ignora.

Nadie diría que una persona que se dedica a la contabilidad es quien llena planillas de Excel. Tampoco se define a quien compone música como alguien que escribe partituras. Aunque ambas disciplinas requieren que sus trabajos se plasmen en planillas y partituras.

Quienes desarrollamos la escritura audiovisual creamos universos ficcionales. Cada universo (única- versión) da cuenta de historias, hechos trascendentes que les ocurren a personajes, encadenamiento de acciones que suceden en determinados espacios y tiempos.  Y no hay manera de acceder a una historia si no es narrándola.

Se debe dominar la narrativa específica del audiovisual que determina qué revelamos, qué ocultamos y en qué orden.

También la dramática que da cuenta de la conflictiva intensa que re-presenta lo que experienciamos en nuestras vidas y que va estructurando el relato de manera única e irrepetible. Arquetipos, símbolos, metáforas de la conducta humana se despliegan creando estilos y estéticas.

Un universo ficcional lleva las marcas de la experiencia de vida de quien lo crea, como las huellas de las utopías artísticas que persigue.  Es un trabajo donde la subjetividad se abre para ofrecerla a quienes realizarán la obra y a quienes serán sus espectadores.  

Y sí, contamos con un instrumento, un vehículo donde materializar ese universo, que es el guión, que bien puede compararse con una partitura. Escribir un guión compromete otros saberes. Talento al organizar el material para que quien lea pueda ver con su imaginario una película, una serie, un programa televisivo. Como diría Italo Calvino  con ese “cine mental” que la humanidad dispone mucho antes de que se creara el cine. Solo contamos con tres elementos: personaje, espacio y tiempo, porque son los que la cámara puede captar. Y con estos tres elementos, combinados de infinitas maneras, creamos lo que hasta ahora no había existido. Así, con nuestra escritura despertamos el imaginario de quienes realizan, iluminan, diseñan espacios y vestuarios, quienes interpretan personajes, quienes editan, quienes producen para que este conjunto de artistas pueda, con su creatividad, ofrecer una unidad: la película, la serie, el programa de televisión.

La narrativa literaria y la audiovisual se han influido mutuamente. Conviven y se maridan muchas veces, sin anular la identidad específica de cada una de las creaciones que responden a artes con herramientas y procedimientos propios.

El audiovisual no es una creatividad colectiva, es una creatividad asociada donde cada disciplina aporta lo suyo de manera específica y diferenciada. Y lo puede hacer porque hay una historia que contar, un universo ficcional por el que transitar y que, paradójicamente, suele resultarnos tan real como la vida misma. De originar esa primera obra fundante plasmada en un guión, de eso nos ocupamos los/las escritores/as audiovisuales.

Nos pareció muy importante aclarar esto porque no está bien que desde el desconocimiento del oficio de un o una guionista se ningunee su trabajo. Porque para llegar a un dictamen justo, tiene que ser válido el camino que se elige para llegar al mismo. Y ese camino implica conocer plenamente cuál es el trabajo de un guionista y qué resulta de ese trabajo.

Es una lástima que antes de dictaminar, no se hayan molestado en consultar, simplemente, el diccionario de la Real Academia Española. Ahí, en ese lugar de tan fácil acceso, estaba la primera y última respuesta. En efecto, la segunda acepción de la palabra GUION dice: Texto en que se expone, con los detalles necesarios para su realización, el contenido de un filme o de un programa de radio o televisión.

Contenido y detalles. Detalles y contenido. Nada más y nada menos que lo que define a un audiovisual. Junta Directiva de argentores.