Domingo, 29 Noviembre 2020 23:31

De la Ciudad de La Plata para Francisco

La fotografía fue enviada a nuestra redacción por la oficina de prensa del arzobispado de la ciudad de La Plata, urbe en la que Diego fue entrenador de Gimnasia de esa ciudad.

"Nuestra ciudad de La Plata lo acogió en los últimos tiempos. Le debemos un homenaje".
 
Diego es muy valorado especialmente por los humildes porque representa a alguien que salió adelante con esfuerzo, logró un lugar importante, pero sin perder la cultura popular de dónde salió, sin renegar de su origen humilde ni esconderlo.
 
Tiene la grandeza de alguien que supo poner el cuerpo y el alma en lo que hacía. El fútbol era su vocación, su llamado, y allí lo dio todo. Además, sabemos que no lo hizo sólo para progresar económicamente sino con la pasión de dar felicidad a la gente. ¡Cuántas veces nos hizo llorar de alegría y admiración!
 
Ya conocemos sus límites, las debilidades a las que frecuentemente se ven arrastrados los que tienen alta exposición pública. Pero en medio de sus límites no se dejaba vencer, lo volvía intentar y salía nuevamente adelante.
 
Quiero destacar que nunca perdió la fe popular que le transmitió su madre Tota, a la que quería tanto, y jamás renegó de esa fe de los sencillos. Por eso se hacía frecuentemente la señal de la Cruz, pedía ayuda a la Virgen, mencionaba a Dios sin vergüenza.
 
Tenía algunos problemas con la Iglesia, pero volvió a sentirla como madre en su encuentro con el Papa Francisco. Después de ese encuentro Diego dijo: “Cuando me abrazó pensé en mi madre y dentro de mí recé. Estoy contento de haber vuelto a la Iglesia”. En ese momento los periodistas le preguntaron: “¿Y él qué te dijo?”. Diego respondió: “Que me estaba esperando”.
 
Víctor Manuel Fernández
Arzobispo de La Plata